
No, definitivamente no hay voto perfecto. Salvo que usted considere que Eduardo Frei y la Concertación le interpretan más o menos plenamente, su voto y el mío obedecerá a razones alejadas del "espíritu" que mueve a ese "servidor público" y a la coalición que lo respalda.
Si vota por Frei para evitar que llegue la derecha al gobierno usted sabe que igual está votando por la otra derecha. La idea de "parar" a la derecha pareciera estar para unos cuantos a la orden del día. De súbito hasta le creen a Frei, "pactan" con él, no lo ven como el que privatizó el agua ni al que trajo de vuelta a Pinochet. Da lo mismo. Lo importante es parar a la derecha. Además, la otra derecha es diablo conocido. Puede habernos choreado en grado sumo durante casi veinte años, pero su relativo liberalismo cultural (quizás la única diferencia real con la derecha) nos ha permitido al menos quejarnos sin que nos muelan a palos, y algo ha salpicado sobre nuestro bienestar, directa o indirectamente. De repente esta otra derecha hasta nos ha pillado descolocados, y hemos terminado simpatizando con algunas de sus iniciativas sociales. Es comprensible. Esta otra derecha es compleja, ambigua, contradictoria. Pero ahora todo eso da lo mismo.
Votar nulo es otra cosa. El voto nulo es expresión de un choreo definitivo con TODA la derecha. Es dejar de jugar pateando el tablero. No es, como suelen decir algunos, casi criminalizando al dudoso, votar por Piñera. Cuesta votar nulo. Significa decir "quiero otra cosa" y que no le digan más "es lo que hay". Pero no es evidente para nada de que surja esa "otra cosa" después de la segunda vuelta. Si sale Frei, aunque se sentirá satisfecho con su voto de protesta, ni sueñe con que aparecerá el anhelado "referente" de izquierda. Y si aparece, la Concertación hará todo lo posible por desarticularlo. En eso son expertos. Si sale Piñera, además de la incertidumbre y el miedo ante su gobierno (y ahí por un momento se hermanará con los perdedores), tendrá que aguantar por un buen rato de que los que votaron por Frei le hechen la culpa de que haya perdido las elecciones. Votar nulo es la protesta definitiva y la ilusión de que algo relevante en las reglas del juego puede cambiar. Pero es sólo una ilusión, por ahora.
No hay entonces un voto perfecto. El panorama post segunda vuelta, en cualquier escenario, no debería ser algo que a usted le guste.


