domingo, 27 de diciembre de 2009

No hay voto perfecto


No, definitivamente no hay voto perfecto. Salvo que usted considere que Eduardo Frei y la Concertación le interpretan más o menos plenamente, su voto y el mío obedecerá a razones alejadas del "espíritu" que mueve a ese "servidor público" y a la coalición que lo respalda.

Si vota por Frei para evitar que llegue la derecha al gobierno usted sabe que igual está votando por la otra derecha. La idea de "parar" a la derecha pareciera estar para unos cuantos a la orden del día. De súbito hasta le creen a Frei, "pactan" con él, no lo ven como el que privatizó el agua ni al que trajo de vuelta a Pinochet. Da lo mismo. Lo importante es parar a la derecha. Además, la otra derecha es diablo conocido. Puede habernos choreado en grado sumo durante casi veinte años, pero su relativo liberalismo cultural (quizás la única diferencia real con la derecha) nos ha permitido al menos quejarnos sin que nos muelan a palos, y algo ha salpicado sobre nuestro bienestar, directa o indirectamente. De repente esta otra derecha hasta nos ha pillado descolocados, y hemos terminado simpatizando con algunas de sus iniciativas sociales. Es comprensible. Esta otra derecha es compleja, ambigua, contradictoria. Pero ahora todo eso da lo mismo.

Votar nulo es otra cosa. El voto nulo es expresión de un choreo definitivo con TODA la derecha. Es dejar de jugar pateando el tablero. No es, como suelen decir algunos, casi criminalizando al dudoso, votar por Piñera. Cuesta votar nulo. Significa decir "quiero otra cosa" y que no le digan más "es lo que hay". Pero no es evidente para nada de que surja esa "otra cosa" después de la segunda vuelta. Si sale Frei, aunque se sentirá satisfecho con su voto de protesta, ni sueñe con que aparecerá el anhelado "referente" de izquierda. Y si aparece, la Concertación hará todo lo posible por desarticularlo. En eso son expertos. Si sale Piñera, además de la incertidumbre y el miedo ante su gobierno (y ahí por un momento se hermanará con los perdedores), tendrá que aguantar por un buen rato de que los que votaron por Frei le hechen la culpa de que haya perdido las elecciones. Votar nulo es la protesta definitiva y la ilusión de que algo relevante en las reglas del juego puede cambiar. Pero es sólo una ilusión, por ahora.

No hay entonces un voto perfecto. El panorama post segunda vuelta, en cualquier escenario, no debería ser algo que a usted le guste.

3 comentarios:

Matias dijo...

Cierto no? El tema de esta elección es que pasa después. Yo escribí mi propia interpretación del asunto en Comunitarios.cl (ver entrada). Me gustó el estilo de tu texto.

Enzo Abbagliati Boïls dijo...

Conviene aclarar que en la primera vuelta tampoco existía el voto perfecto. Bueno, en realidad el voto perfecto no existe en ninguna circunstancia, salvo que uno crea que el mundo se divide en buenos y malos. Cuando uno está en la caseta electoral, antes de marcar la preferencia, opera una inescrutable mezcla de valores, anhelos, altas dosis de realidad y alguna que otra negación de esa misma realidad. Salvo que se crea, claro está, que el voto de uno es puro.

Ricardo dijo...

Estimado @Matías. En efecto, lo importante es lo que pasa después de las elecciones, y no pinta nada bien wen lo político, salga quien salga. Leí tu análisis, que me parece contundente. Por cierto, gracias por tu comentario, el primero en este humilde Blog.
Dear @Enzo, por supuesto que lo de voto perfecto no es más que una metáfora. En ese espíritu, nos aproximamos al voto perfecto cuanto más nuestro candidato nos interpreta, o si se prefiere, cuanto más le creemos. En esta oportunidad, por lo menos en buena parte de mi mundo más cercano, no le creemos a ninguna de las dos opciones que quedan fuera de Piñera: votar por Frei o votar nulo. Ambas opciones encierran ilusiones, distintas, pero ilusiones al fin